5/10/2006

Si comprender es imposible, conocer es necesario,

porque lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también.

Por ello, meditar sobre lo que pasó es deber de todos. Todos deben saber, o recordar, que tanto a Hitler como a Mussolini, cuando hablaban en público, se les creía, se los aplaudía, se los admiraba, se los adoraba como dioses. Eran ¨jefes carismáticos¨, poseían un secreto poder de seducción que no nacía de la credibilidad o de la verdad de lo que decían, sino del modo sugestivo con que lo decían, de su elocuencia, de su arte histriónico, quizás instintivo, quizás pacientemente ejercitado y aprendido. Las ideas que proclamaban no eran siempre las mismas y en general eran aberraciones, o tonterías, o crueldades; y sin embargo se entonaban hosannas en su honor y millones de fieles los seguían hasta su muerte.
Hay que recordar que estos fieles, y entre ellos también los diligentes ejecutores de órdenes inhumanas, no eran esbirros natos, no eran (salvo pocas excepciones) monstruos: eran gente cualquiera. Los monstruos existen pero son demasiado pocos para ser realmente peligrosos; más peligrosos son los hombre comunes, los funcionarios dispuestos a creer y obedecer sin discutir, como Eichmann, como Hoess, comandante de Auschwitz, como Stangl, comandante de Treblinka, como los militares franceses de veinte años más tarde, asesinos en Argelia, como los militares norteamericanos de treinta años más tarde, asesinos en Vietnam.
Hay que desconfiar, pues, de quien trata de convencernos con argumentos distintos de la razón, es decir, de los jefes carismáticos: hemos de ser cautos en delegar en otros nuestro juicio y nuestra voluntad. Puesto que es difícil distinguir los profetas verdaderos de los falsos, es mejor sospechar de todo profeta; es mejor renunciar a la verdad revelada, por mucho que exalte su simplicidad y esplendor, aunque la hallemos cómoda porque se adquiere gratis. Es mejor conformarse con otras verdades más modestas y menos entusiasmantes, las que se conquistan con mucho trabajo, poco a poco y sin atajos por el estudio, la discusión y el racionamiento, verdades que pueden ser demostradas y verificadas.

Es evidente que esta receta es demasiado simple como para cubrir todos los casos: un nuevo fascismo, con su retahíla de intolerancias, prepotencias y servidumbre, puede nacer fuera de nuestro país y ser importado, quizás de puntillas y haciéndose llamar con otros nombres; o puede desencadenarse dentro de casa con una violencia capaz de desbaratar todo reparo. Entonces los consejos de sabiduría ya no sirven y se debe encontrar la forma de resistir: también en esto, la memoria de lo sucedido en el corazón de Europa, y no hace mucho, puede servir de sostén y admonición. (Apartes de Si esto es un hombre, de Primo Levi)

11 comentarios:

El Mazo dijo...

No sè que decir, en un momento pienso que nuestras pequeñas existencias tiene que tener un claro sentido del recuerdo. "Al àngel de la iglesia de Efeso escrìbele: recuerda de dònde has caìdo".

CARLOS A. GAMBOA dijo...

Qué vigencia tienen esas palabras de Primo Levi en esta Colombia actual, sobre todo cuando un halo mesiánico se extienden por las redes televisivas e impresas al servicio del tirano carismático de turno...

A buena hora se blogea el tema

solo un cigarro calma mi espera dijo...

Dejen el tirano en paz que nos prometió a todas la purulentas cigarras que nos nombraría de planta, como quien dice dejaremos de ser caca para convertirnos en mierda

Blakecioran dijo...

¡Opa Compadre!,ante el amargo sabor silencio que provoca su post, otra de Primo Levi de "Si esto es un hombre":

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos: Considerad si es un hombre Quien trabaja en el fango Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo Quien muere por un sí o por un no. Considerad si es una mujer Quien no tiene cabellos ni nombre Ni fuerzas para recordarlo Vacía la mirada y frío el regazo Como una rana invernal
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe, La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

Arlovich dijo...

Gracias por sus palabras y por el texto de blake. Creo que esas solas palabras ameritan una entrada nueva. Por mi parte Primio Levi me está permitiendo encontrar herramientas para ejercer la memoria. Creo que su testimonio deberemos postearlo permanentemente, para que nunca terminemos de recordar el peligro que nos acecha: el peligro de ser hombres sin memoria. El peligro de delegar en otros el juicio. EL peligro de no llegar a ser nunca hombres libres.¿Somos acaso hombres libres?

troya dijo...

DEBERIAMOS REALIZAR UN FORO VIRTUAL SOBRE EL NEO-FASCISMO QUE SE ESTA IMPLEMENTANDO. DESDE LA NAVE DE LA LOCURA SE SOSPECHA QUE AUSCHWITZ SE GLOBALIZA INVISIBLE Y PLACENTERAMENTE.
VISTA LA NAVE Y MIRA COMO SE LA U DESDE EL NAVIO

CRONICAS VALLENATAS dijo...

Leyendo y saludando. Un post para pensarlo y digerirlo.

Desde la Perla del Otún.

no a los cerebritos lavados dijo...

la estupides es la mejor seducción para el pueblo debido a que el pueblo es estupido solo mire el regimen nazi, como hízó hitler para convencer que efectivamente los judios debian ser exterminados?????
pero el mejor ejemplo de seducción barata es la que hizó ese tañ jesus...


saludos....
posdta: difiero de usted en algunas cosas especificamente en lo del regimen nazi y fascista porque me parece una ideologia superinteresante, politicamente hablando....

Arlovich dijo...

Cerebrito sin lavar. Sería bueno que ampliaras tu idea en torno a lo bueno de los regímenes autoritarios que pisotean al ser humano. Y gracias por participar.

solo un cigarro calma mi espera dijo...

Lo único bueno que puede tener un regimen fascista es que Yo sea EL DICTADOR

Anónimo dijo...

hay que desconfiar de los carismaticos, los razobables, los impulsivos, de los que recomiendan desconfiar, en fin de todos aquellos que quieran hablar por nosotros.