8/28/2006

Nos han dado la tierra


Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.

Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.

Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.

Hemos venido caminando desde el amanecer. Ahorita son algo así como las cuatro de la tarde. Alguien se asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice:-Son como las cuatro de la tarde.

Ese alguien es Melitón. Junto con él, vamos Faustino, Esteban y yo. Somos cuatro. Yo los cuento: dos adelante, otros dos atrás. Miro más atrás y no veo a nadie. Entonces me digo: "Somos cuatro". Hace rato, como a eso de las once, éramos veintitantos, pero puñito a puñito se han ido desperdigando hasta quedar nada más que este nudo que somos nosotros.

Faustino dice:-Puede que llueva.
Todos levantamos la cara y miramos una nube negra y pesada que pasa por encima de nuestras cabezas. Y pensamos: "Puede que sí".

No decimos lo que pensamos. Hace ya tiempo que se nos acabaron las ganas de hablar. Se nos acabaron con el calor. Uno platicaría muy a gusto en otra parte, pero aquí cuesta trabajo. Uno platica aquí y las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera, y se le resecan a uno en la lengua hasta que acaban con el resuello. Aquí así son las cosas. Por eso a nadie le da por platicar.

Cae una gota de agua, grande, gorda, haciendo un agujero en la tierra y dejando una plasta como la de un salivazo. Cae sola. Nosotros esperamos a que sigan cayendo más y las buscamos con los ojos. Pero no hay ninguna más. No llueve. Ahora si se mira el cielo se ve a la nube aguacera corriéndose muy lejos, a toda prisa. El viento que viene del pueblo se le arrima empujándola contra las sombras azules de los cerros. Y a la gota caída por equivocación se la come la tierra y la desaparece en su sed.

¿Quién diablos haría este llano tan grande? ¿Para qué sirve, eh?

Hemos vuelto a caminar. Nos habíamos detenido para ver llover. No llovió. Ahora volvemos a caminar. Y a mí se me ocurre que hemos caminado más de lo que llevamos andado. Se me ocurre eso. De haber llovido quizá se me ocurrieran otras cosas. Con todo, yo sé que desde que yo era muchacho, no vi llover nunca sobre el llano, lo que se llama llover.

No, el llano no es cosa que sirva. No hay ni conejos ni pájaros. No hay nada. A no ser unos cuantos huizaches trespeleques y una que otra manchita de zacate con las hojas enroscadas; a no ser eso, no hay nada.
Y por aquí vamos nosotros. Los cuatro a pie. Antes andábamos a caballo y traíamos terciada una carabina. Ahora no traemos ni siquiera la carabina.

Yo siempre he pensado que en eso de quitarnos la carabina hicieron bien. Por acá resulta peligroso andar armado. Lo matan a uno sin avisarle, viéndolo a toda hora con "la 30" amarrada a las correas. Pero los caballos son otro asunto. De venir a caballo ya hubiéramos probado el agua verde del río, y paseado nuestros estómagos por las calles del pueblo para que se les bajara la comida. Ya lo hubiéramos hecho de tener todos aquellos caballos que teníamos. Pero también nos quitaron los caballos junto con la carabina.

Vuelvo hacia todos lados y miro el llano. Tanta y tamaña tierra para nada. Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga. Sólo unas cuantas lagartijas salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros, y luego que sienten la tatema del sol corren a esconderse en la sombrita de una piedra. Pero nosotros, cuando tengamos que trabajar aquí, ¿qué haremos para enfriarnos del sol, eh? Porque a nosotros nos dieron esta costra de tapetate para que la sembráramos.

Nos dijeron:-Del pueblo para acá es de ustedes.

Nosotros preguntamos:-¿El Llano?- Sí, el llano. Todo el Llano Grande.

Nosotros paramos la jeta para decir que el llano no lo queríamos. Que queríamos lo que estaba junto al río. Del río para allá, por las vegas, donde están esos árboles llamados casuarinas y las paraneras y la tierra buena. No este duro pellejo de vaca que se llama Llano.

Pero no nos dejaron decir nuestras cosas. El delegado no venía a conversar con nosotros. Nos puso los papeles en la mano y nos dijo:-No se vayan a asustar por tener tanto terreno para ustedes solos.-Es que el llano, señor delegado...-Son miles y miles de yuntas.-Pero no hay agua. Ni siquiera para hacer un buche hay agua.

-¿Y el temporal? Nadie les dijo que se les iba a dotar con tierras de riego. En cuanto allí llueva, se levantará el maíz como si lo estiraran.- Pero, señor delegado, la tierra está deslavada, dura. No creemos que el arado se entierre en esa como cantera que es la tierra del Llano. Habría que hacer agujeros con el azadón para sembrar la semilla y ni aun así es positivo que nazca nada; ni maíz ni nada nacerá.- Eso manifiéstenlo por escrito. Y ahora váyanse. Es al latifundio al que tienen que atacar, no al Gobierno que les da la tierra.- Espérenos usted, señor delegado. Nosotros no hemos dicho nada contra el Centro.

Todo es contra el Llano... No se puede contra lo que no se puede. Eso es lo que hemos dicho... Espérenos usted para explicarle. Mire, vamos a comenzar por donde íbamos...

Pero él no nos quiso oír.

Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará de aquí. Ni zopilotes. Uno los ve allá cada y cuando, muy arriba, volando a la carrera; tratando de salir lo más pronto posible de este blanco terregal endurecido, donde nada se mueve y por donde uno camina como reculando.

Melitón dice:-Esta es la tierra que nos han dado.

Faustino dice:-¿Qué?

Yo no digo nada. Yo pienso: "Melitón no tiene la cabeza en su lugar. Ha de ser el calor el que lo hace hablar así. El calor, que le ha traspasado el sombrero y le ha calentado la cabeza. Y si no, ¿por qué dice lo que dice? ¿Cuál tierra nos han dado, Melitón? Aquí no hay ni la tantita que necesitaría el viento para jugar a los remolinos."


Melitón vuelve a decir:-Servirá de algo. Servirá aunque sea para correr yeguas.-¿Cuáles yeguas? -le pregunta Esteban.

Yo no me había fijado bien a bien en Esteban. Ahora que habla, me fijo en él. Lleva puesto un gabán que le llega al ombligo, y debajo del gabán saca la cabeza algo así como una gallina.

Sí, es una gallina colorada la que lleva Esteban debajo del gabán. Se le ven los ojos dormidos y el pico abierto como si bostezara. Yo le pregunto:-Oye, Teban, ¿de dónde pepenaste esa gallina?-Es la mía- dice él.-No la traías antes. ¿Dónde la mercaste, eh?-No la merqué, es la gallina de mi corral.-Entonces te la trajiste de bastimento, ¿no?-No, la traigo para cuidarla. Mi casa se quedó sola y sin nadie para que le diera de comer; por eso me la traje. Siempre que salgo lejos cargo con ella.-Allí escondida se te va a ahogar. Mejor sácala al aire.

Él se la acomoda debajo del brazo y le sopla el aire caliente de su boca. Luego dice:-Estamos llegando al derrumbadero.

Yo ya no oigo lo que sigue diciendo Esteban. Nos hemos puesto en fila para bajar la barranca y él va mero adelante. Se ve que ha agarrado a la gallina por las patas y la zangolotea a cada rato, para no golpearle la cabeza contra las piedras.

Conforme bajamos, la tierra se hace buena. Sube polvo desde nosotros como si fuera un atajo de mulas lo que bajara por allí; pero nos gusta llenarnos de polvo. Nos gusta.

Después de venir durante once horas pisando la dureza del Llano, nos sentimos muy a gusto envueltos en aquella cosa que brinca sobre nosotros y sabe a tierra.

Por encima del río, sobre las copas verdes de las casuarinas, vuelan parvadas de chachalacas verdes. Eso también es lo que nos gusta.

Ahora los ladridos de los perros se oyen aquí, junto a nosotros, y es que el viento que viene del pueblo retacha en la barranca y la llena de todos sus ruidos.

Esteban ha vuelto a abrazar su gallina cuando nos acercamos a las primeras casas. Le desata las patas para desentumecerla, y luego él y su gallina desaparecen detrás de unos tepemezquites.-¡Por aquí arriendo yo! -nos dice Esteban.

Nosotros seguimos adelante, más adentro del pueblo.

La tierra que nos han dado está allá arriba.

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Juan Rulfo (El Llano en Llamas). Más Textos Aquí.

(La imagen es tomada de la obra Fresh cream Museo, del bogotano y maestro de Artes Plásticas Hernando Velandia –Nano. Cel: 3133071370).

14 comentarios:

El Mazo dijo...

¿Quién diablos haría este llano tan grande?, en mi memoria estab el ¿quién diablos hizo este llano tan grande?, en fin, esa frase me marcó a mi así como a muchos más hijos de provincia, en el libro de (don)Juan, el de Falsas Alarmas, aparece también reseñada, hay algo en la grandeza de la desolación de los desiertos, de los ríos, hay algo en mirar dónd ance y dónde muere el sol que le cambia la vida a uno.

Arlovich dijo...

Diego: la idea del texto nace del anterior post. Ante un país asolado por la impunidad en donde se legitima el destierro de la población, no queda sino la imagen de miles de seres humanos echados a su suerte. Por eso la ilustración tomada del Nano y por eso también las líneas sobre la creatividad ante la crisis. Creo que Toposaurio la pilló muy bien.

El Mazo dijo...

mmm, no había visto el comentario del toposauro, y hasta ahora me cargaron las imágenes del Nano, ya con la referencia al desplazamiento la cosa sí cambia. ese texto de Rulfo es tal vez uno de los más políticos del hombre, esos campesinos mexicanos que lucharon al lado de la revolución, de Pancho Villa, que les prometieron tierras al finalizar la guerra y lugo los señores inauguran un partido político que se queda en el poder todoa la vida y a los campesinos que lucharon con ellos no les dan sino un desierto seco y grande, me pregunto qué va a pasar cuando todos esos mercenarios de este país se den cuenta que los señores dueños de las fincas, uberrimos y demás grandes haciendas, no les den lo prometido??? aterra el asunto, pero por otro lado mi versión naif y pastelito del comentario anterior no está tan mal...je

toposauro dijo...

¿Excomunión?

Blakecioran dijo...

Opa Compadre, bienvenido a las comuniones virtuales con un buen texto de Don Juan… siempre pensé, sin ser religioso ni nada, que el Génesis, donde Moisés anda por el desierto, tendría una nostalgia a pueblo viejo y a un olvido de los motivos del recorrido, en fin, cosas parecidas sentí en la Tatacoa y luego, acá en la Capital donde el llano es inmenso, aquel llano de ideas y con falta de conciencia. Tal ves seamos todos los blasfemos y a su vez impíos.

CARLOS A. GAMBOA dijo...

PREGUNTAS TONTAS Vs REPUESTAS RULFIANAS

¿Dònde está la actual Colombia?

...el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.

¿Por qué no se escucha la voz de los habitantes?

No decimos lo que pensamos. Hace ya tiempo que se nos acabaron las ganas de hablar.

¿A dónde nos lleva esta guerra?

Yo siempre he pensado que en eso de quitarnos la carabina hicieron bien...

¿Y qué hacemos con este paìs?

Tanta y tamaña tierra para nada

Arlovich dijo...

Con estos comentaristas no hay preguntas ni intervenciones tontas. Hay una nueva dimensión para mirar la realidad. Además, el texto de Rulfo funciona como respuesta al tema de la escritura creativa.

Gracias a todos por sus comentarios. También pensé en la Tatacoa, compadres...

El Mazo dijo...

Lobo, pillese este link, es un artículo de la complutense que le puede interesar:
http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/fluido.html

Salmón dijo...

'Me gusta andar pero no sigo el camino pues lo seguro ya no tiene misterio, me gusta ir con el invierno muy lejos para volver donde mi madre en verano, y ver los perros que jamás me olvidaron, y los abrazos… que me dan mis “hermanos”.

PSD. LOBO LLANERO: Felicitaciones por caminar esta tierra en LLAMAS… gracias a ella fue posible visitar su blog en caliente…

Cigarrillo Extra dijo...

Que error tan grande he descubierto acerca de mi misma vida. Muchos dirán ustedes con seguridad, pero por ahora, sólo me duele este: no se de que forma me comprometí con la razón científica en el estudio de una ciencia social, y de paso, descuidé la única forma de ser humano...o por lo menos de padecerlo: reusé cualquier posibilidad de aceptar lo mágico o como quiera que se llama esa sensación evocada y canalizada por medio de la amistad. Algunos científicos adjudican poderes insospechados e incalculados a las reacciones químicas de nuestro cuerpo en contacto con el universo. No me parece nada seductor, pero más allá, lo que quiero significar es que es buen tiempo de no explicarse por qué coños surgen de la nada deseos irrefenables de sentirse al lado de alguien que no está en cuerpo presente, pero que sin duda es el primer invitado al diálogo en una mesa anodina de un pueblo que quita mucho sudor y deja pocos recuerdos.
Tremendo error. Apasionane llamada...con respecto al re-loaded de la bitácora del único hombre lobo que no come ancianitas, pues ni que decir...ahhh, tal vez, que recuerdo con acaloramiento aquello de la economía del lenguaje...que pasó!!! mucho acumulado???, mucho que decir??? eso, definitivamente, no es nuestra culpa...no nos castigues lobo maldito!!!
Abrazos...fuertes abrazos.

Arlovich dijo...

A este cigarrro no me lo puedo "humar" de un solo jalón. Estoy en clase con Victoria Camps (cómo les quedó el ojo?) y no puedo distraerme más de lo normal para echarle un ojo al blog.

Sólo quiero decirles que ese cigarro extra merece muchos abrazos y una fiesta para cuando vuelva. Nos vemos en el post de Victoria Camps mañana. Chao.

Cigarrillo Extra dijo...

y Victoria???

Coffee Maker dijo...

No sé pero siento que textos así guardan un aroma a tierra. A entrañas saliendo de un fuego purificador que se hace tangible con palabras en bruto. No como las que pulimos casi siempre.

Blakecioran dijo...

Compadre, mire esta direccion, algo para su tesis...

http://www.eltiempo.com/participacion/blogs/default/un_articulo.html?id_blog=14348&id_recurso=3235876